Ikea, ese gigante sueco que vino para quedarse. Muchos somos conscientes del por qué tuvo tanto éxito: muebles y elementos de decoración en general a precios muy bajos y con buen gusto. Pero, ¿cómo lo consiguen? ¿Cómo llegaron a estar en lo más alto y poder permitirse esos precios?
Bien, Ikea se diferencia de otros vendedores de hogar principalmente por la distribución de su tienda. Ikea es un gran laberinto con un orden lógico que muestra espacios de hogar, no muebles sueltos. En es principalmente radica su éxito: ya te ves viviendo en ese espacio tan acogedor que nos muestran, y sin tener que comprar ningún extra, pues hasta los tornillos y el menaje lo proporcionan allí. Más moderno, más conservador... Encuentras tu estilo sin esforzarte demasiado. Y te dan el cómo colocarlo hecho, ¡es todo un chollo! Y si ya nos fijamos en el precio... ¡vendido!
Pero ocurre que a veces sólo vamos a por ese posavasos tan cool, o esas sillas que van a juego con mi mesa... y, ¿acabamos llevándonos solo eso? La respuesta es fácil... NO. ¿Por qué? ¿Por los precios? Es un factor, pero no el único.
Ikea, como dije antes, es un laberinto. No puedes ir de la cocina al baño sin pasar por los dormitorios, si así lo tienen organizado. O irte al final sin haber visto todo lo anterior. Y es un hecho, quieras o no, tienes que andarte el almacén al completo una vez que entras. Eso hace que te fijes en cosas que no habías reparado viendo el catálogo, o que no pensabas que "necesitabas" hasta que lo viste allí puesto. ¿Vasos? Tengo, pero es cierto que se me han roto dos... Voy a llevarme este pack y así los repongo. ¿Y esas tazas? ¡Si hasta tienen palillos para comer ramen los domingos! Y acabamos llenando el carrito.
Y la pequeña publicidad subliminal que nos meten sin darnos cuenta, porque, ¿quién no ha ido a Ikea y tiene un lápiz entre sus útiles de escritura? Exacto. Simplemente por ese hecho de tener el lápiz, nos recordamos el nombre del gigante casi cada vez que necesitamos escribir algo, incluso la lista de la compra. Y pensamos en ir, en esa vajilla que anunciaron por la tele hace poco, o quizá renovar el dormitorio...
Además, la cobertura. ¿Habéis probado a hablar por teléfono en Ikea? ¿No? Quizá es porque no se puede. Y no es casualidad, Ikea inhibe la cobertura de los aparatos telefónicos para que disfrutes de una experiencia sin interrupciones, para que puedas mirarlo todo al detalle sin que te llame tu suegra, sin que tu hermana decida acribillarte a whatsapps o sin que te enteres de la reunión de antiguos alumnos el finde hasta que no sales.
Sus materiales pueden no ser de la mejor calidad. No es un tablón de madera puramente dicho, pero, a ese precio, ¿nos lo cuestionamos? Y además, el montaje... "Esto no se toca, quita, con esto no se juega, dale". ¿Os suena? Estar una hora mirando un plano con nombres de lo más extraño, pensando: si es un tornillo, ¿por qué no lo llaman tornillo? Dándole vueltas y más vueltas hasta que al final consigues montarlo, tienes dos tornillos en la mano que no sabes dónde encaja y piensas: mientras aguante... Y aguanta.
Y el éxito de sus precios no sólo es por los materiales. Ikea es un gigante con tanto poder de decisión que pueden permitirse decirle a sus proveedores: quiero esta silla de esta forma y que no cueste más de 25 euros. Y ya ellos que se las apañen, siempre siguiendo los criterios ecológicos que sigue la empresa sueca.
Espero que os haya gustado mi pequeña aportación y me comentéis... ¿Pensáis ir a Ikea? Probad lo de la cobertura, ¡cambio y corto!